NO TE LLEVES A MI HIJO
El cielo oscurecía una vez
más, nubes espesas y oscuras cual la noche, se aproximaban despertando el
terror entre los pobladores.
Estaba todo destruido, no
quedaba siquiera una siquiera una pared de pie. Todo lo que nos costó años de
construir estaba ahora najo metros y medio de agua y el amor a sus hijos era lo
que los mantenía a pie o a flote.
-¡Tayta! ¡tayta! Guarda a
los animales, que parece que va a llover.
-Así parece Guagua-yau,
ayúdame y avísale a tus hermanos.
-Pumm- reventó la primera nube
a las 2 de la tarde y empezó una inofensiva llovizna.
-Pum, pum, sonó la puerta.
-¿Quién es?
-Soy el Becerra, abre la
puerta que hace frío.
-¿Que tal compadre, que
novedades del pueblo?
-Buenas tardes Mayta, me he venido corre y corre
pa no mojarme y allá en Cajamarca corre la noticia que pa abajo de la costa ya
le dio duro la lluvia.
-Pobrecitos, los que no
están preparados.
-¿Tú crees que pa acá llegue
la desgracias?
-Solo papá Dios lo sabe.
-Shhh- sonaba la lluvia cada
vez más fuerte y el miedo empezaba a apoderarse de los pobladores, truenos y
rayos acompañaban a esa terrible sinfonía y las gotas que más parecían granizo.
Así pasaron seis horas y
había de todo menos paz.
-¡Mayta! ¡Mayta! El puente y
los corrales se cayeron.
-¿Qué?
-¡Mayta! La casa de los
Yahuarca se cayó.
-No puede ser.
-Mayta, nuestras casas son
bien frágiles, se van a caer.
Entre tanto escándalo llegó
un hombre de un pueblo vecino.
-¡Ayuda! ¡Ayuda!
-¿Qué paso?
-El huayco, se llevó todo
Sachayamán, no ha quedado nada ni nadie, solo yo sobreviví en esta noche.
-Oh por Dios.
Mayta se levantó como el
teniente gobernante que era y dio la orden.
-Prendan las antorchas,
evacuen a todos a la montaña.
-¿No es más peligroso? Mayta
-Estamos atrapados, será lo
que Dios quiera.
-Pum- cayó la casa de los
Quineros con toda la familia adentro y sumergidos en sus escombros.
-Tayta, tengo miedo.
-No temas más guagüita, yo
te protegeré.
Mayta tenía miedo, temía que
fuera la última vez que viera a su familia unida y dejo correr una lagrima en
su mejilla.
Había llegado la hora de
partir, casi sin cosas en las alforjas. Ya todos esperaban fuera de sus casas
esperando la orden.
Y entre la oscuridad de
escucho el sonido de la desgracia. De repente, por atrás llegó un golpe de
agua, pues el rio se había desbordado.
-¡Corran!- grito Mayta, pero
entre la confusión de la noche, el rio los alcanzo y se llevó a cuatro mujeres
con sus niños.
Mayta cogió bien fuerte a
sus dos niños y a su esposa y caminando en el agua, llegaron al árbol más
cercano.
Gritos, llanto, dolor, todas
las casas cayeron menos la de Mayta, el salvaje caudal se llevó todo y de
pronto llego lo inevitable.
Un huayco venia como enviado
con la única misión de cavar con la casa de Mayta y como era de esperarse, la
casa empezó a caer.
Parte por parte, su
destrucción era contemplada por aquel que puso sangre y sudor para levantarla.
A medida que iba cayendo, Mayta recordaba con dolor, la inauguración de su
casa, los buenos momentos que allí vivió, en entonces cuando entendió que lo
que único que importaba es la familia.
Ahora lo veo y parezco
recordar ese dolor y lágrimas en sus ojos que contemplaban aun en esos
escombros bajo el agua.
Ahora lo veo y parezco
recordar aquel momento en que el huaico cayó el árbol de Mayta y empezó u
forcejeo entre el miserable y el lodo por la custodia de su hijo.
La desesperación que sintió
cuando su guagua ya no sostenía su mano.
Y como si fuera a lograr
algo empezó a gritar a todo pulmón:
-¡Maldita! ¡Miserable
lluvia! “No te llevaras a mi hijo”.
Fin
Autor: Cobos Díaz Daniel 4° “D”
Autor: Cobos Díaz Daniel 4° “D”
En memoria a los
damnificados por el Fenómeno de El Niño.
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